El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Con las manos extendidas dice:
S. El Señor esté con vosotros.
P. Y con tu espíritu.
S. Levantemos el corazón.
P. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
P. Es justo y necesario.
S. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado. Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor. Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo. Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo:
Al final del Prefacio, junta las manos y en unión del pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta («Sanctus»):
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. * Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. * Hosanna en el cielo. * Bendito el que viene en nombre del Señor. * Hosanna en el cielo.
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
S. Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad;
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que sean para nosotros Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
S. El cual, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, * PORQUE ÉSTO ES MI CUERPO * QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
S. Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos; dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, * PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, * SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, * QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS * Y POR MUCHOS * PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. * HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice una de las siguientes fórmulas:
S. Éste es el Misterio de la fe.
P. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
O bien:
S. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.
P. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
O bien:
S. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entregó por nosotros.
P. Salvador del mundo, sálvanos, tu que nos has liberado por tu cruz y resurrección.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
S. Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa N., con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
Toma la patena con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
S. Por Cristo, con él y en él, * a ti, Dios Padre omnipotente, * en la unidad del Espíritu Santo, * todo honor y toda gloria * por los siglos de los siglos.
P. Amén.
Después sigue el rito de la Comunión.